La importancia de las redes eléctricas en el reto de la descarbonización

Marc Segura - Presidente de la Comisión de Energía y Sostenibilidad de la Cambra de Comerç de Reus

A menudo, las palabras que se ponen de moda y ocupan los debates públicos corren el riesgo de que su significado real y todo lo que implican queden desdibujados. Ocurre con la descarbonización, que está en boca de todo el mundo olvidando, demasiadas veces, todo lo que implica. Sin entrar en debates filológicos que no me corresponden, conviene remarcar qué hay detrás de este Objetivo de Desarrollo Sostenible porque, si no lo hacemos y no somos consecuentes, sencillamente no lo alcanzaremos.

El sector químico de Tarragona asume el reto de descarbonizarse para ser sostenible, ambiental y económicamente. Pero si retiramos el carbono de la ecuación, que de eso trata la descarbonización, y perdonen la perogrullada, necesitamos electrificar. Y con fuentes de generación que no impliquen carbono, porque de lo contrario nos estaríamos haciendo trampas al solitario. Y eso nos lleva a las energías renovables, un ámbito en el que Cataluña llega tarde y mal; fuimos de los primeros en hablar de ello y parece que seremos de los últimos en hacer los deberes. Por muchos motivos, que no vienen al caso, pero que deberían hacernos reflexionar.

El caso es que, si no produces energía verde y quieres descarbonizarte, tendrás que traer la electricidad de otros lugares. Es así de simple. Y aquí al lado tenemos una comunidad autónoma que sí ha sido capaz de hacer los deberes, y con creces. Me refiero a Aragón. Y, más concretamente, a la línea de transporte de electricidad de muy alta tensión entre Escatrón y La Secuita que tenemos planificada y que choca con una ruidosa oposición en el territorio. Y digo ruidosa porque del análisis de las alegaciones presentadas se infiere que esta organizadísima oposición cuenta con una representatividad más que dudosa.

En cualquier caso, ante las necesidades de un sector fundamental para la economía del territorio como el químico -y de otros sectores industriales también electrointensivos y también con voluntad de descarbonizarse- deberíamos ser capaces de impulsar mecanismos de toma de decisiones democráticos, por supuesto, pero también eficientes a la hora de decidir sobre cuestiones, como esta, que son de interés general y que no tiene ningún sentido que estén obstaculizadas por visiones catastrofistas, decrecentistas o por una concepción draconiana de lo que debe ser la protección del paisaje (o de algún pequeño paisaje muy concreto, para ser exactos).

Convendría abordar este tema desde una perspectiva de interés general. Y proteger la competitividad del sector químico y de la industria en general forma parte del bien común. Sin unas redes eléctricas adecuadas no hay transición energética ni descarbonización. Y si no hacemos esto, corremos el riesgo de perder estos sectores tan determinantes en nuestro modelo económico.

Convindria abordar aquest tema des d'una perspectiva de l'interès general. I protegir la competitivitat del sector químic i de la indústria en general forma part del bé comú. Sense unes xarxes elèctriques adequades no hi ha transició energètica ni descarbonització. I si no fem això, correm el risc de perdre aquests sectors que tan determinants són en el nostre model econòmic.