La historia reciente nos ha dejado una lección clara: la dependencia excesiva del exterior tiene consecuencias. La guerra en Ucrania evidenció hasta qué punto la economía europea es vulnerable a disrupciones geopolíticas. Hoy, la escalada de tensiones en Oriente Medio vuelve a recordarnos que los conflictos lejanos tienen un impacto directo en nuestra industria, también en Tarragona.
Las alteraciones en rutas clave del comercio internacional y la volatilidad de los precios energéticos y de las materias primas tensionan las cadenas de suministro globales. En este contexto, reforzar la producción local es una necesidad económica y estratégica.
Disponer de industria química básica es garantizar la autonomía estratégica de un territorio. En Tarragona, contar con crackers capaces de producir etileno, propileno y otros derivados de forma autónoma no solo asegura el abastecimiento de materias primas esenciales, sino que sostiene sectores clave como el sanitario, el alimentario o el textil.
En las últimas semanas, el contexto internacional ha provocado un repunte puntual de la actividad industrial en Europa y también en Tarragona. Esta situación confirma algo relevante: disponer de capacidad instalada nos permite responder cuando el mercado lo necesita y aporta un cierto margen de maniobra en momentos de disrupción global. Sin embargo, conviene no confundir este alivio temporal con un cambio de tendencia estructural.
Este repunte viene acompañado de una mayor inestabilidad y de tensiones adicionales en los precios de la energía y de las materias primas, lo que vuelve a poner de manifiesto la fragilidad del entorno industrial actual. Se trata de una situación coyuntural, ligada a un contexto excepcional, que ofrece un margen limitado de adaptación, pero no modifica la visión a largo plazo sobre la industria química en Europa.
La industria europea sigue operando con costes energéticos significativamente más altos que los de sus principales competidores, en un marco regulatorio complejo y con una creciente presión de importaciones a bajo precio. Estos factores continúan condicionando la competitividad y las decisiones industriales más allá de picos temporales de demanda.
Desde Dow seguimos comprometidos con las grandes transformaciones del sector, como la descarbonización y la economía circular. Pero estas solo serán viables si se apoyan en una base industrial sólida y competitiva. La autonomía estratégica no se improvisa en momentos de crisis: se construye con políticas coherentes y condiciones que permitan a la industria europea competir en igualdad de condiciones.
