La volatilidad ha dejado de ser una excepción para convertirse en la nueva normalidad para todos. Las recientes crisis internacionales, especialmente en Oriente Medio, han vuelto a evidenciar que Europa necesita una base industrial más fuerte y más autónoma. Reforzar la química europea y nacional se ha convertido en una necesidad estratégica que no puede seguir posponiéndose.
En un entorno de energía cara, demanda frágil, presión competitiva global y cadenas de suministro en constante tensión, la pregunta ya no es si el sector atraviesa un momento exigente. La pregunta es si Europa está dispuesta a dar los pasos necesarios para preservar una industria que resulta esencial.
Porqué la química es, realmente, una industria de industrias. Está en la base de la automoción, la construcción, la salud, la alimentación o la electrónica, por poner únicamente algunos ejemplos. En España el sector cerró el 2025 con una cifra de negocio de 85.417 millones de euros y exportaciones de 62.926 millones, consolidándose como el primer exportador de la industria a nivel nacional. Y, sin embargo, esas cifras conviven con una presión estructural cada vez mayor, especialmente en aquellos segmentos más intensivos energéticamente.
Europa quiere más industria, más autonomía y más descarbonización. Pero estos objetivos no se alcanzarán si, por ejemplo, producir aquí sigue siendo mucho más caro que en otras regiones. Un ejemplo: durante 2025, los precios del gas en Europa fueron, de media, cerca de 2,5 veces más caros que los de Estados Unidos, lo que siguió penalizando la competitividad de nuestra industria.
La química europea necesita condiciones para competir. Precios de la energía más sostenidos, un marco regulatorio más ágil, impulso real a la circularidad, capacidad para atraer y desarrollar talento, y poder dar un paso más en innovación industrial.
En Covestro lo tenemos claro: hoy, producir mejor significa consumir menos recursos, aprovechar mejor las materias primas, innovar más rápido y desarrollar materiales que ayuden a descarbonizar otras cadenas de valor. Tenemos ante nosotros la gran oportunidad de dejar de hacer lo que siempre se ha hecho. Debemos adelantarnos mediante nuevas tecnologías y una innovación valiente que nos permita independizarnos de los modelos energéticos habituales, apostando de manera decidida por las energías renovables y la plena circularidad de nuestros productos. Esa es la verdadera oportunidad. La resiliencia ya no consiste solo en resistir. Consiste en transformar la presión del contexto actual en una oportunidad para ser mejores.
Europa aún está a tiempo. Porque defender una química fuerte, innovadora y competitiva no es proteger un sector más. Es proteger una parte esencial del futuro industrial europeo.
