sobre el futuro económico en la Unión Europea. Si queremos una Europa fuerte y resiliente en un contexto internacional dominado por la "geopolítica del caos", el continente tiene que reducir dependencias en sectores clave. Dicho de otra forma, tiene que lograr una mayor autonomía estratégica. Para conseguirlo hay que apostar de nuevo por la industria, reforzando las actividades estratégicas, entre ellas la petroquímica, y promoviendo nuevos sectores emergentes relacionados con la transición energética y la transformación digital y sostenible de nuestra sociedad. Y aquí los puertos jugamos un papel fundamental.
Hace ya tiempo que vengo afirmando en foros, jornadas y otros eventos en los que he tenido la oportunidad de participar que los puertos estamos viviendo una notable transformación. Ahora ya no nos explicamos únicamente por las obras y la superficie que le ganamos al mar, sino especialmente por la creación de cadenas de valor en nuestra área de influencia capaces de generar dinamismo económico y desarrollo social.
Este planteamiento se ve reflejado en la nueva Estrategia Portuaria de la Unión Europea, que la Comisión ha aprobado recientemente. Bruselas no ve los puertos únicamente como infraestructuras logísticas, sino como activos estratégicos que contribuyen a la competitividad, seguridad y resiliencia del continente. Hasta el momento, los muelles han sido considerados únicamente como el punto de inicio o de fin de la cadena logística, pero ahora se plantean como núcleos de generación de actividad.
Si bien el documento ha sido aprobado hace unas pocas semanas, su trasfondo no es nuevo para el Port de Tarragona. De hecho, esta visión es la base de nuestro modelo de puerto industrial que empezó a desarrollarse en los años 60 con la llegada de la industria petroquímica a Tarragona. Sin el Port, la implantación y posterior desarrollo del sector petroquímico en nuestro territorio no hubiese sido posible. Y, al mismo tiempo, sin este polo industrial y empresarial, la gran modernización del recinto portuario no se hubiera llevado a cabo. La relación entre Port y química ha ido creciendo a lo largo de los años hasta tejer un intenso ecosistema de relaciones y proyectos compartidos, entre los cuales destaca la creación del clúster ChemMed, que han sido decisivos en la evolución del polo químico más importante del sur de Europa.
Este ejemplo paradigmático demuestra como los puertos somos una pieza clave en el impulso a la industrialización de nuestras áreas de influencia. Aunque no es el único. Sin movernos del Port de Tarragona, vemos como sin los cereales y otros graneles agroalimentarios que se mueven por nuestros muelles, el sector ganadero de Catalunya, Aragón y parte de Castilla no podría llevar a cabo su actividad por falta de materias primas para preparar los piensos que alimentan al ganado. Y esto no solo supondría un impacto de gran magnitud en un sector económico esencial, sino que tendría consecuencias en el equilibrio poblacional de las zonas rurales de nuestro hinterland.
El éxito de este planteamiento, que no se mide en toneladas de mercancías, sino en actividad económica y cohesión social para nuestra zona de influencia, nos ha llevado a replicar el modelo en uno de los espacios clave para el futuro del Port: la Zona de Actividades Logísticas. La ZAL, con sus más de 900.000 m², una ubicación geográfica estratégica y opciones de intermodalidad excepcionales, es la joya de la corona, no solo para el Port, sino para Tarragona y el conjunto de Catalunya.
Organismos como ACCIÓ o el ICEX ven también su gran potencial. Por esto, trabajamos conjuntamente para atraer nuevas implantaciones industriales en este espacio vinculadas con los sectores emergentes de la nueva economía, como el coche eléctrico, las baterías o los semiconductores; sectores, todos ellos, claves para reforzar la autonomía estratégica de Europa.
El tipo de industria que estamos atrayendo a la ZAL también será fundamental para diversificar la economía de nuestro territorio, gracias a unas actividades de alto valor añadido, que traducirán en progreso, ocupación calificada e impacto en otros sectores de actividad ya implantados en nuestra zona. Experiencias previas, como la vivida con el sector petroquímico, no solo nos confirman que este es el camino a seguir sino que nos avalan como motor de industrialización.
